Sucede que vivir las experiencias a gran velocidad, muchas veces equivale a no vivirlas. Además, el apego por lo rápido incrementa el estrés, la ansiedad y, muchas veces, la angustia. Finalmente no se cumple el objetivo de vivir más, sino todo lo contrario: la vida también se acorta cuando la guía un ritmo frenético.

Las tendencias slow apuestan a la lentitud en varios aspectos cruciales de la vida. Han tenido diferentes orígenes y también distintos énfasis. Lo común en ellas es el rechazo a esa aceleración sin límite del mundo actual:

Comida Slow, “Un buen queso, o un buen vino tienen como gran aliado al tiempo. Y las mejores preparaciones suelen demorar varias horas o incluso días.”

Moda Slow, Comprometida con el medio ambiente y sustentable socialmente.

De la moda y la comida hacia otros aspectos:

La Moda y la Comida fueron pioneras en esta tendencia, que hoy en día se expande hacia otros campos como la construcción y los viajes. Cobra fuerza la idea de “ciudades lentas”, con no más de 50 mil habitantes y en donde la infraestructura se adapta al desplazamiento a pie o en bicicleta.

También apareció la Slow Education, una perspectiva que aboga por una escuela en la que se respeten los ritmos de aprendizaje de los estudiantes. Flexibilizar los tiempos en los que los niños y los jóvenes deben permanecer en la escuela. El propósito es adaptar todo al ciclo vital: que sea la motivación y el interés lo que guíe la formación y no las imposiciones.

Todas estas tendencias son una forma revolucionaria de mirar el futuro. Se ha hecho cada vez más evidente que no somos piezas en el engranaje de la producción, sino seres humanos en busca de sentido para nosotros mismos y para todos.


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